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Narraciones cortas no vinculantes.

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Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por konrrat el Miér Mayo 06, 2015 3:54 am

Mirando este foro, me he dado cuenta del tremendo potencial que tiene mucha de la gente aquí metida. y la verdad es que e pensado que estaría bien, que muchas de las ideas que proponemos en lugar de sencillamente contarlas como resumen, se trasladasen al termino narrativo.
No es nada vinculante con la historia que al final salga, pero es mas divertido de leer, y creo que mucha gente esta deseando contar sus historias, y de esta forma tendrá la oportunidad. Y ya de paso si algo que la gente ponga mola pues puede meterse en la historia del trasfondo que hagamos entre todos.
La única norma por comodidad, es que la extensión no supere las dos pagina en un documento de texto a tamaño 12. (Digamos que esto va de relatos cortos, no la novela entera) xD
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por konrrat el Miér Mayo 06, 2015 3:58 am

Para no comenzar yo, resucito un relato que en su día puso en este mismo foro Hit que es una pasada, y responde un poco a eso que me refiero.

@Hit07 escribió:
El Cacique Mazdamundi hizo resonar su mensaje en la mente de los treinta y tres chamanes que formaban el círculo. No con voz, ni con sonido, si no con una necesidad que reverberaba en el corazón y acariciaba las arterias. Como uno solo, el grupo cambió el ritmo gutural que habían mantenido durante treinta y tres horas. Estaban exhaustos, pero se aproximaba la parte más peligrosa del conjuro. Habían danzado con fuerza y violencia al principio, y poco a poco habían ido sosegando sus movimientos. Sus movimientos circulares sobre sí, en parejas y alrededor del Gran Diamante eran hipnóticos. Un observador experto hubiese notado de inmediato que sus movimientos recreaban el paso del tiempo al principio, invitándolo a bailar con ellos. Y una vez engatusado su intención era ralentizarlo sin que éste se diese cuenta. Porque todos los Slann sabían que el tiempo y el espacio están unidos irremediablemente.

De repente Mazdamundi alzó una palma entre temblores. El suelo vibró, como si el mundo rechazara el control del cacique lagarto. Un sonido cavernoso surgió de la boca del señor Slann, una voz que se arrastraba por el universo y parecía impregnarlo todo. Todo se sacudía con fuerza y el esfuerzo fue visible. En el exterior del templo estalló una tormenta, un huracán que empezó a arrancar árboles ancestrales como quien arranca una mala hierba. Rayos quebraban los cielos. Los animales huían despavoridos.

A algunos eslizones, que se encontraban en éxtasis y actuaban sin pensar, se les reventaron los globos oculares por la presión del hechizo. Se mantuvieron momentáneamente en pié, bajo la voluntad del Slann que presidía el ritual. Sin embargo, a los pocos segundos cayeron al suelo desplomados cuando de repente éste cortó la conexión con sus cuerpos. La mayoría habían muerto. Mazdamundi requería toda su energía vital para éste hechizo. Ellos no le eran poco queridos, pero eran herramientas del gran plan, y éste nunca había estado en tal peligro. El ritual era la última opción.

El Slann movió sus manos con gestos rápidos, hábiles y extraños. Parecía querer agarrar trozos de la realidad y aplastarlos unos con otros para hacer con ellos una bola. El Gran Diamante empezó a brillar, iluminando la sala. Los hombres lagarto que se encontraban fuera del círculo quedaron cegados. La humedad de la jungla se disipó. El sonido quedó suspendido en el aire y no llegó a oído alguno. Todo el mundo se mantenía inmóvil. El espacio mismo era denso, y daba la sensación de que nadar en una piscina de miel sería menos trabajoso que dar un paso en ese ambiente.

Mazdamundi movió con lentitud uno de sus débiles brazos, rompiéndose los huesos en mil fragmentos con el esfuerzo. Señaló al gran króxigor que se había estado preparando. Hizo caso omiso del dolor y de la sangre que resbalaba por su patético cuerpo abotargado. Concentró todo su poder en manipular el cuerpo del króxigor. Éste empezó a aproximarse al Gran Diamante, que lo iluminaba todo con la furia de mil estrellas.

Alzó su arma a dos manos. Mil hechizos se habían entretejido en su obsidiana para poder asestar ese golpe. El corazón del króxigor ya se había detenido, implosionando por el esfuerzo, pero su cuerpo seguía siendo empujado por la voluntad del Slann. Y con un último empujón de fuerza, la gran bestia descargó toda su fuerza muscular sobre el diamante. Las fibras musculares de los brazos y el pectoral se desgarraron casi a la par con el impacto. Y entonces, todo el mundo se contrajo y se expandió en un espasmo que duró una eternidad. Una eternidad encerrada a la fuerza en una ínfima parte de fracción de milisegundo, pero que el universo notó. Todas las batallas del mundo se detuvieron por medio instante, pero nadie, incluso los mayores hechiceros, líderes y sabios del mundo pudieron determinar que había sucedido. El universo siguió su curso y el fin de los tiempos, prosiguió como estaba establecido.

Pero algo definitivamente había cambiado. El cuerpo carbonizado del caudillo se movió pese al dolor y observó los restos del Gran Diamante que yacían esparcidos sobre el pedestal de oro, que también se había quebrado con el golpe. Cada fragmento tenía vida propia. Una vida arcoíris que se movía sin ser percibida por el mortal. Decenas de eslizones, que se habían escondido fuera del templo en espera de la señal, entraron en la estancia para retirar los cadáveres y sanar el destrozado cuerpo de Mazdamundi. Haciendo caso omiso, éste solicitó que le acercaran los fragmentos del Gran Diamante, el más grande y también los pequeños, sin desperdiciar tampoco las partículas de polvo.  

- Dentro del fragmento más grande está encerrado nuestro destino. Lo veo con claridad. El mundo será destruido y el gran plan, arruinado. – Susurró Mazdamundi.
- ¿Y en el resto de fragmentos? – Susurró Croak en su mente. - ¿Qué ves en ellos?
- Muerte. Destrucción. Esperanza. Veo nuevos héroes y nuevas naciones, y los mismos héroes y las mismas naciones. Detalles que cambian para crear nuevas tormentas. Tormentas que cambian para crear nuevos detalles. Tal vez en alguno, tal vez en el más pequeño de los pedazos de Gran Diamante, el gran plan sea un éxito.
- Hemos creado nuevas dimensiones para ello. Cuando tengamos éxito en el plan, reconquistaremos las demás y volveremos a unirlas todas.
- Sea. Ahora preparémonos. Una luna será pronto destruida, las estrellas me lo están gritando extasiadas. Sus entrañas caerán sobre nosotros y nos aniquilarán. Oculta los fragmentos donde dijimos. ¡Protégelos!
- Sea.
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por konrrat el Miér Mayo 06, 2015 4:05 am

Esta si es mi aportación propia:
Parte 1:
Un estruendo ensordecedor sonó de repente, el mundo comenzó a temblar como sacudido por un dragón enfurecido, y al fondo, en el norte, una llamarada ascendió hasta el mismo cielo, y comenzó a cubrir todo el orbe de nubes negras y cenizas asfixiantes.
Muchos se atemorizaron huyendo a esconderse en el lugar más oscuro del campamento, otros miraron el horizonte sin comprender que pasaba, y solo uno, cayendo de rodillas y rasgándose la cara con las manos, comprendiendo que el fin de los tiempos había comenzado. Solo Teclis entendió que las hordas de Archaon habían roto el sello milenario que contenía las energías disformes del portal del norte, solo el archimago vislumbró que por veinticuatro horas habían llegado tarde, que un miserable día era lo que les separaba de poder luchar la última batalla contra el elegido del caos y poder tener así una brisa de esperanza de victoria. Pero ya era tarde, y solo él, en el suelo de rodillas, grito y lloro por ello. Por primera vez en su milenaria vida no tenía la respuesta, y eso le asustó, las hordas de demonios, todo el poder del propio caos, llegarían al campamento en cuestión de horas, en el mejor de los casos les barrerían sin que tuvieran tiempo a ser conscientes de su propia muerte, en el peor... el peor de los casos era mejor no pensarlo.
De entre el confuso silencio del pabellón de mando surgió una voz grave, el tipo de voz que realiza una pregunta a sabiendas de que la respuesta nunca va a ser algo positivo. Dando un paso al frente el Rey Thogrim preguntó sereno:
- Elfo, ¿realmente con un día más, habrías podido detener esto?
El elfo le miró confuso, tardó unos instantes en escudriñar y comprender los pensamientos del enano, recuperó la posición y junto a esta la compostura y respondió sin poder mirar directamente a los ojos al gran rey con un simple; -sí-.
- Pues no perdamos más tiempo con lamentos ni charlas inútiles, partir ya y vengarnos- Tras pronunciar esas palabras el rey Thogrim salió del pabellón, Teclis se quedó mirando al suelo abatido, el emperador Karl Franz intentó salir tras el enano, pero el guantelete negro de Malekith le detuvo consciente de que era la única solución.
Horas después, hombres y elfos, dejaban el campamento en silencio, con los ánimos abatidos, sin despedidas ni canciones de honor, pero con una pequeña mota de esperanza en sus corazones.
Parte 2:
- Mi zeñor Grimgor, los humanoz y los orejudos, se marchan, los tapones están formando linea de darse tortas.
El orco negro escuchaba los informes de sus espías goblins en silencio, pensativo, le dolía la cabeza, pensar no era propio ni necesario en él. Al fondo, en el campamento al que había estado siguiendo durante días con su gran waaaag, se veía una agitación evidente, los elfos y los humanoz se marchaban al sur, y los tapones tocaban sus cuernos de batalla desplegando un frente como jamás Grimgor había visto. Escupió sobre su bufón, tenía un extraño regusto en la boca, un regusto que nunca había sentido antes de una batalla, por primera vez en su vida, preferiría no tener que dar la orden de a por elloz.
Durante su camino, había encontrado varios karak vacíos, y ahora comprendía por qué, Thogrim, Belegar, Alrick, Ungrim, Kazador, los conocía a todos, había luchado con todos y cada uno de ellos. Había destruidos sus tierras, sus familias y sus ilusiones... buenos tiempos. Ahora todos estaban ahí, dándole la espalda, sin haber descubierto que su gran waaag eztaba traz sus pies. Sus grandes enemigos, sus juguetes, su diversión, por fin podría destruirlos a todos en un mismo día.
Miró al norte de nuevo, no podía dejar de mirar al norte, su sangre orca le llamaba a hacerlo, desde hacía horas el puto norte no dejaba de ezcupirles cada vez más numerosas bandas de sucios demonios, y ya era evidente que los gritos y sombras amorfos que asomaban por el horizonte significaba que venían muchos más. El orco miro al cielo oscuro del que llovía cenizas y sintió otra punzada de dolor en la cabeza al pensar de nuevo, cogió su hacha, escupió de nuevo a su bufón y se giró hacia sus chicoz.
- Chicoz!!!, hemos luchado mucho juntoz!!!, hemoz matado muchos tapones!!!, y joder si noz hemoz divertido con ello.
En ánimo en las tropas del waaag empezó a crecer, los chicoz gritaban, jadeaban y se lanzaban puñetazos de júbilo y excitación.
- Los orejotaz y los rosadoz han dejado solos a los taponez para que cualquiera lez meta un par de tortas. ¿Queréis seguir aplastando taponez?!!!.
Los orcos corearon un unánime y sonoro “SÍ” mientras comenzaban a chocar sus armas contra los escudos, produciendo un atronador ruido solo superado por las palabras de su caudillo Grimgor piel hierro.
- Pues si queréis matar enanoz mañana, demostremos hoy a esos hijoz de puta de demonios lo que les pasa a los que noz quieren quitar nueztros juguetes!!!! - Y Grimgor pronunció las palabras más difíciles de su vida, las que nunca pensó que sería capaz de pronunciar- El waaag peleará junto a los taponez del rey Thogrim y dejaremoz claro a esos demonioz que este no es su sitio!!!! WAAAAAG!!!!
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Ragnar_Orko el Miér Mayo 06, 2015 12:11 pm

muy buena la historia Konrrat, eso de que los orcos luchen con los enanos, es como cuando el joker decide que batman no puede morir porque si no se aburriria mucho jeje, estaria bien que escribieses como les reciben los enanos cuando van a luchar de su lado, seria interfesante jeje. Bueno yo tengo otro relatillo, ay va.

Largos años han pasado desde que el loco de Wurrzag abandonase las Tierras Yermas, reunió un gran número de pieles verdes los cuales le seguían por su gran carisma, o simplemente por el afán que tiene esta raza de matar y saquear. Viajo al sur, muy al sur. Profano Templos de no muertos enfureciendo al mismísimo Setra, saqueo ciudades estado de los nómadas Arábigos provocando que estos se uniesen para poder rechazar los saqueos pieles verdes, incluso llego a los antiguos templos de los sangre fría, demostrando que están acabados, y que “Gorko y Morko zon los autentikoz diozez y zu plan ez el que prebaze….pebaze…….pebaleze…..ganará y punto”. Pero la mente de los pieles verdes es voluble, y cuando las visiones de Wurrzag le hicieron viajar más al sur, queriendo cruzar el mar incluso…….no gusto mucho al resto de caudillos pieles verdes, Wurrzag dijo que “Gorko y Morko me han hablado, y tengo que cumplir zu blomun……boltun……lo que ellos dicen”, así que los caudillos decidieron no contradecir a sus dioses, ataron al mástil de un barco a Wurrzag y lo dejaron solo vagando por el mar……
Una vez mas Wurrzag fue desterrado, esta vez no solo de su tribu, sino de toda una horda que el mismo congrego…..menos mal que los dioses Gorko y Morko le protegían…o no...una horrible tormenta estallo, en el horizonte se vio como una gran llama que se elevo hacia el cielo. El barco en el que viajaba el solitario Wurrzag se quebró liberándolo del mástil, el chaman se agarro a un madero para salvar su vida del enrarecido mar, aquella lucha era una lucha que el chaman no podía ganar. Finalmente el mar lo expulso a una costa, desorientado y con pocas fuerzas, Wurrzag se desmayo.
En la cabeza de Wurrzag escuchaba lo que primero era un murmullo, cobrando cada vez más fuerza, hasta que acabo grietándole “TU BUZQUEDA HA TERMINADO, HAZ ENCONYTRADO AL KAFRE ETERNO, GUIALO A LA BATALLA FINAL Y QUE LIDERE A LOZ PIELEZ VEZDEZ, AHORA DEZPIERTA!!!”
Wurrzag se despertó…..aunque no como a él le hubiera gustado…..se encontraba atado de pies y manos, colgado de….otra vez un maldito palo…pero esta vez era porteado por…..dos orcos? Pieles verdes que parecían llevarlo a lo que sería su campamento, ante su caudillo, probablemente para ser devorado después…….entraron por las puertas del poblado, y en el centro había un gran trono….a los pies de este cabezas de demonios y hombres bestia, y en lo más alto un gran orco, descomunalmente grande incluso para ser un gran caudillo, de piel clara….muy clara, y las manos rojas, probablemente de sangre seca de descuartizar enemigos, seguramente los que yacían a los pies de su trono. Fue cuando Wurrzag lo vio, una especia de aura verde alrededor de aquel gran orco, por fin…por fin lo había encontrado, el Kafre Eterno, aunque no era la mejor forma de conocerlo…atados de pies y manos a su “kerido palo”. Plantaron el palo que retenía al chaman de manera vertical para presentárselo a su caudillo.
-“Inziznificante, no erez maz que un inziznificante bufón….que haziaz en miz dominioz habla!! Acazo hay algún otro pobre jefecillo que ze atreva a enfrentarze a mí, Azote de Demonioz!!!
Las palabras del gran orco hicieron reaccionar a Wurrzag, sus ojos se nublaron y empezaron a emitir rayos de energía verde, sus ataduras se rompieron, su cuerpo se elevo entre una gran nube de humo verde hasta alcanzar la altura del trono donde se sentaba el que se hacía llamar Azote de Demonioz.
-“Yo zoy Wurrzag!! El gran profeta verde, elegido por el gran Gorko y Morko para encontrar al Kafre Eterno, y eze…..erez tú, pues eze ez tu verdadero nombre, Gorko y Morko han hablado. La gran batalla ze acerca, deberaz empuñar el Gran Hacha de Batalla del Último WAAAGH!!! Yo te moztrare el camino."
Una sonrisa se vislumbró en la cara del Orco, él era el más grande, él era el más fuerte, él era el elegido……

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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Hit07 el Jue Mayo 07, 2015 1:38 am

¡Buenos relatos! Esto me ha inspirado, veamos a ver que sale...


Ambos llevaban horas luchando sin cesar, con un vigor que solamente la no-muerte puede otorgarles a sus más poderosos títeres.

Mannfred hacia danzar frenéticamente a Gheistvor, la Espada de Energía Maldita, tratando de encontrar nuevamente un hueco en su enemigo. Pero se veía constantemente repelida por Zefet-kar, la Espada Funeraria de Arkhan el Negro. A cada estallido de acero contra acero le seguía otro inmediatamente después. Un sesgo del vampiro buscando la axila izquierda de Arkhan hacía vibrar de nuevo el filo de Zefet-kar, y éste salía despedido como una víbora, buscando el cuello de Mannfred en el contraataque. Desviado en el último momento, el ataque rechinó cuando ambos filos se acariciaron con sorna. Un instante después Gheistvor tanteaba las defensas que protegían el muslo derecho del liche, y un abanico de acero embrujado volvía a bajar el telón. Cada golpe tenía la intención asesina de matar definitivamente al enemigo, pero cada vez que lo intentaban las espadas se besaban con violencia.

Tras unos minutos vertiginosos el khemriano se vio ligeramente superado, y con un susurro, invocó un hechizo sencillo que le valió para distanciarse de su enemigo. Un mortal sin capacidad mágica hubiese visto el efecto de un empuje invisible sobre el cuerpo de Mannfred. Pero lo que observaron los ojos de ambos contendientes fue una gran masa de energía negra estallando frente al vampiro. Como una explosión de tinta maligna. El soplo huracanado, tremendamente violento, fue repelido con un gesto del vampiro. Éste desvió la oleada mágica a un lado no sin dificultad. Así, aunque el efecto final pareció leve, fue el resultado de solo una mínima parte de la carga energética. El impacto real hubiese reventado una vaca, igual que una maza destroza un melón maduro.

Entonces el vampiro hizo el gesto de lanzar algo contra Arkhan, que movió frenéticamente el Báculo de los Espíritus sin suerte. Luego su mano pareció agarrar el aire y estirarlo hacia sí. De inmediato el esquelético cuerpo de El Negro avanzó involuntariamente hacia el vampiro. Los talones se clavaban en la triste tierra, dejando surcos. En la visión del khemriano, miles de hebras rojas, como tendones de sangre vibrante, se entrelazaban en cada uno de sus miembros. Tensa, cada cuerda carmesí se recortaba fácilmente bajo la luz de la luna pálida. En el otro extremo, los dedos y las palabras de Mannfred tiraban de ellas, como un titiritero reclama egoístamente sus piezas al terminar su función.

Fue entonces que tras escupir un hechizo una bandada de cuervos construidos con brujería pura se materializó de la nada. Cada uno de ellos, guiado individualmente por la mente de Arkhan, se lanzó hacia uno de esos hilos y lo cortó con su afilado pico.

Mannfred invocó entonces una corriente oscura a través de las cuerdas que sostenía. Las aves quedaron presas de los propios filamentos por ese efecto. El cerebro espiritual del liche se sacudió por el violento impacto, y su cuerpo se tambaleó. El vampiro aprovechó el fugaz instante y giró sobre si mismo, haciendo girar a su vez la amalgama de hebras rojas como un fanático su bola. Lo que otrora eran pájaros negros ahora eran filos oscuros. Docenas de espadas dieron la vuelta alrededor de Mannfred en una vil órbita, y con una fuerza centrífuga imparable se lanzaron sobre el flanco izquierdo del cuerpo de Arkhan.

El esqueleto sufrió un dolor atroz cuando todos esos filos de Shyish sólido se clavaron en sus huesos, atravesando fácilmente su armadura. Parecía la extraña imagen de un alfiletero grotesco. Pero lejos de amedrentarse y aún hincando la rodilla, la entrecortada voz del khemriano transformó cada hilo en un cable conductor. Y por ellos transfirió la más increíble descarga de hechicería negra, directa hasta la mano del von Carstein, que gritó de dolor extremo. Dejando caer la espada, se agarró la muñeca con el otro brazo y la redujo a cenizas para evadir la agonía.

Ese tiempo perdido fue aprovechado por Arkhan para remover los vientos de Shyish. Cuando Mannfred levantó la vista, se encontraba suspendido en el aire, agarrado por el cuello. Atrapado en un huracán de pura oscuridad que ocultaba a Selene, sentía como miles de filos le lamían la piel expuesta sin piedad y se colaban con saña en su muñón. Pero ni la sangre que manaba de sus lagrimales y le teñía las córneas podía empañar su mirada. Porque el poder de esta provenía del odio. El odio hacia todo aquel que osaba tratar a Mannfred von Carstein como una mera pieza de ajedrez.

Esa sola idea conjuró por si misma una horda, una marabunta de falanges de uñas rotas que resquebrajó la tierra. Y la cosecha siniestra creció de manera salvaje, y las falanges brotaron en manos frías, y sus tallos fueron largos brazos descarnados. Y todos ellos agarraron las botas y las placas de metal de las espinilleras de Akrhan con una fuerza titánica. Y luego la enredadera putrefacta empezó a tirar de él hacia el suelo, hundiéndolo lentamente. Por cada tajo de la Espada Funeraria una de tales flores macabras era descapullada, pero otra tomaba su lugar. Poco a poco se lo tragaba la tierra, y solo la brujería lo mantenía a flote. Esa distracción era todo lo que el vampiro necesitaba.

Solo en el último momento vio como la espada de Mannfred, arrojada con pura fuerza del viento de la muerte, se clavaba profundamente en su esternón. El torbellino de Shyish se dispersó inicialmente, descontrolado. Pero el vampiro lo devoró antes de que se desvaneciera, hinchando sus pulmones de energía mágica. Su frío cuerpo se regeneró de nuevo. El von Carstein pudo sentir como su mano se abría y cerraba de nuevo, y por un instante, uno de sus colmillos se dejó ver tras un una bizarra sonrisa.

Pero la sonrisa se tornó en furia al ver como Arkhan también volvía a estar entero. Tras haber absorbido la energía del funesto jardín de miembros con sus propias manos, su esquelético cuerpo volvía a estar dispuesto para la lucha. Y lo peor: su mano derecha ahora empuñaba la espada de Mannfred. Así que el vampiro creyó justo hacerse con los servicios de la espada del khemriano, que se encontraba en el suelo, desprotegida. Se transformó en lobo momentáneamente para abalanzarse sobre él, fintar y recobrar su cuerpo humanoide al recoger el acero mágico del suelo. El barrido que trató de lanzar Arkhan no alcanzó la vertiginosa agilidad de Mannfred-lobo por muy poco. Y el ataque fluyó en una nueva estocada, ésta vez detenida por el vampiro.

Y así proseguían: cada golpe se solapaba con otro golpe y cada hechizo se entretejía con otro hechizo.

- Tengo toda la noche. - Dijo Mannfred con Carstein con prepotencia. Ya habían transcurrido unas cuantas horas más de combate, y aprovechó una inusual pausa de escasos segundos para burlarse de su enemigo.
- Yo todo el día. - Dijo Arkhan el Negro con una voz monótona. Sin, embargo, de tener labios, Mannfred hubiese podido ver como una maliciosa sonrisa teñía esa última frase.

 
   





PD: Un consejo, al escribir separad los párrafos con espacios, se hace difícil de leer con el tamaño y color de letras del foro si no queda todo un poco organizado.
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Richard. el Vie Mayo 15, 2015 11:24 pm

Excelente iniciativa  aqui va mi relato es un poco largo son son casi 3 paginas disculpen por eso

La venganza del caballero

Alader caminaba por el bosque atento a los más pequeños ruidos y movimientos en su entorno  con una observación que provenía del conocimiento de que un solo error podía costarle la vida, tales eran los riesgos que aceptaban los vigilantes del bosque salvaje y el los aceptaba con resignación, el sabia que esa sería su vida desde que una dríade enloquecida mato a su amada en las vísperas de su casamiento y hasta entonces  había cumplido con su deber. Alader  sentía el bosque, así como la vida de cada uno de los animales y elfos que habitaban dentro de  él  como parte de sí mismo y aunque se había vuelto salvaje y había rehuido del contacto con sus semejantes desde que la tragedia toco su vida había aceptado unirse a los vigilantes del bosque salvaje para proteger a esas vidas de la locura que asechaba desde el interior del bosque.

Continúo con su caminata deteniéndose de manera fugaz al pasar frente a cada uno de los monolitos que formaban la prisión de los corruptos espíritus para comprobar que estos se encontraban intactos sin siquiera mediar palabras con los vigilantes que los custodiaban, desde hace varios años las palabras se le advertían vacías y cada vez eran menos los momentos en los que se veía obligado a utilizarlas, al terminar de comprobarlos todos en el sector del bosque que estaba bajo su cuidado se permitió descansar un momento para sentir las corrientes de brisa y la humedad del bosque, Levanto por un momento la mirada y a través de la hojarasca de los árboles pudo ver el maléfico brillo de Morrslieb y su cercanía lo cual interpreto como un presagio de guerra, pensó un momento en Anmyr su antiguo reino y cuantos de sus habitantes se estarían preguntando los mismo, la cercanía de la luna maldita nunca presagiaba nada bueno y en esas tierras significaba que los hombres bestias atacarían con más fuerza, quizás incluso esta vez ganarían pensó por un momento, siguió contemplando el interior de la prisión buscando cualquier espíritu maligno que se acercara a los monolitos y con satisfacción comprobó que ninguno se encontraba cerca por lo que retomo sus anteriores pensamientos y lamento que se encontraran al inicio del invierno, -si nos atacan combatiremos solos- pensó, por lo menos hasta que el invierno terminara y la primavera llegara a nutrir al bosque y los Elfos Silvanos que habitaban en su interior.
Ensimismado en sus pensamientos el guardián del bosque salvaje se percato a destiempo de la figura que aparecía a través de la arboleda, no en el interior del territorio fijado por los monolitos cuyo interior siempre vigilaba, si no a su espalda, cuando se dio cuenta de su presencia se dio la vuelta rápidamente temiendo que fuera demasiado tarde, pero el caballero se quedo quieto mirando como Alader se volteaba lo que permitió a este último definir por fin a la silueta que había visto en la periferia de su campo visual, era un caballero completamente cubierto de armadura verde del mismo color de su escudo, su barda y su yelmo, entre las rendijas de su visor logro ver sus ojo y solo vio fría decisión en ellos aunque no sabía hacia que estaría destinada.
Continuaron observándose durante lo que pareció una eternidad mientras sus compañeros vigilantes continuaban acercándose al misterioso caballero, el cual al observarlo más de cerca parecía rodeado de un aura sobrenatural, ¿una aura de muerte? O quizás de un espíritu del bosque Se pregunto por un momento Alader. Estaba pensando cual era el motivo de encontrar un caballero de Bretonia en el interior del bosque salvaje cuando el caballero cargo contra uno de sus compañeros, que intento usar su hacha para desviar la espada pero la espada mágica de este rompió el hacha sin esfuerzo y atravesó el cuerpo de su compañero de un solo tajo los vigilantes en la cercanía corrieron para detener el caballero pero en ese preciso instante aparecieron 2 caballeros mas, estos estaban cubiertos de armaduras grises y azules pero despedían el mismo aura de no muerte del caballero de armadura verde uno de ellos salió cabalgando hacia los monolitos pero fue detenido por 3 de sus compañeros y el otro apareció frente a Alader que lo ataco con su hacha que atravesó la defensa del caballero pero revoto en su armadura sin que le hiciera apenas daño, aprovechado esto el caballero dirigió su espada apuntado a la cabeza del guardián que la esquivo a duras penas, otro vigilante del bosque salvaje se dirigió a ayudar a Alader y ataco al caballero por la espalda pero lo único que obtuvo fue el sonido del acero al chocar contra el acero de la armadura azul grisácea, múltiples caballeros aparecieron en ese preciso instante todos con la misma armadura gris de los anteriores uno incluso detrás del vigilante que peleaba al lado de Alader y este vio como la lanza del caballero atravesaba la caja torácica de su compañero arrebatándole la vida. En ese el momento el guardián uso esas palabras que hasta hace poco se le antojaban vacías para dar la voz de alarma y alertar a sus hermanos.

El caballero con el que estaba combatiendo uso el tiempo en el que el elfo estaba convocando aliados para atacarlo, levanto su espada pero Alader  ya se esperaba este movimiento aprovecho que el bretoniano tenía el brazo levantado para dirigir su hacha hacia la axila protegida solo por la cota de maya, el hacha atravesó la carne hasta el hueso y el impulso tumbo al caballero al suelo donde Alader   lo dejo moribundo, pronto el bosque lo reclamara para sí pensó y se dirigió al que creía que era el líder, el caballero de armadura verde que en este momento estaba rodeado de cadáveres elficos, mientras corría hacia el alzo la mirada y vio como en ambos lados de la contienda comenzaban a aparecer de manera organizada decenas de vigilantes que habían respondido rápidamente a su llamada, pero para su sorpresa los caballeros no se veían superados en número ya que estos aparecían desde los rincones mas imposibles del boque y atacaban a los elfos por sorpresa, llego donde se encontraba el caballero de armadura verde pero otro bretoniano apareció de la nada y cargo rápidamente contra  Alader  interponiéndose entre el y su líder, pero tal era la furia que el guardián sentía contra estos insensatos que no sabían lo que podían liberar que descargo su hacha directamente sobre el peto del caballero atravesándolo, pero para su sorpresa luego de ser atravesado por el hacha el caballero desapareció fue entonces cuando se dio cuenta que sobre la hierba del bosque solo se encontraban los cadáveres de los vigilantes, ni un solo caballero yacía muerto en ella, volteo hacia el lugar donde había dejado a su anterior contrincante moribundo pero no lo pudo encontrar tanto el bretoniano como su caballo habían desaparecido sin dejar ningún tipo de rastro.

-¿Quiénes sois y por que intentan liberar a los espíritus salvajes?- Increpo Alader   hacia el líder de los bretonianos, pero solo recibió  de este un silencio espectral, en ese momento sintió que algo en su interior se rasgaba  y vio como el brillo del monolito más cercano parpadeaba brevemente, -están atacando también los monolitos aledaños- pensó, -esto es solo una distracción- por lo que se vio obligado a dar la orden de replegarse hacia los mismos monolitos para poder establecer una defensa más eficaz de estos , desde que el había se había unido a los vigilantes nunca habían tenido que rechazar ataques del exterior y que el primero lograra destruir uno de los monolitos, que aunque eran casi imposibles de dañar desde el interior de la prisión ,no era tan difícil derribarlos desde fuera  mostraba su flaqueza como líder pero también había que dilucidar como tal cantidad de caballeros atravesaron el bosque sin que ningún elfo se diera cuenta, de repente una explosión sacudió el interior del bosque y los caballeros bretonianos se dieron a la fuga siendo el ultimo en desaparecer el caballero de armadura verde que les dirigió una última mirada de despedida a sus adversarios cuando Alader   se dio la vuelta para localizar el origen de la explosión vio una pareja de cantoras de los arboles una de las cuales le parecía vagamente familiar, comprobó el monolito que estaba defendiendo y se acerco a una de las cantoras contemplando mejor sus ojos sus labios y su pelo era Israla su antigua amada

-Alader mi cielo ahora estas a salvo- le dijo de una manera dulce
-¿Cómo es esto posible?-
-El bosque guarda muchos secretos amor mío ven y deja que te los muestre- Respondió ella acariciando su rostro.

En ese momento el guardián se percato de que aunque el monolito más cercano se encontraba intacto el siguiente así como los que se encontraban a su derecha ya no despedía el aura mágica que mantenía a la prisión por lo que se dispuso a  dar la voz de alarma pero la mano de su amada se transformo en una afilada rama que le atravesó el abdomen, mientras caía sobre el suelo del bosque   el guardián pudo ver a un grupo de furiosos Tremen abriéndose paso entre la brecha y masacrando a sus hermanos, luego sintió como uno de ellos extendía uno de sus miembros inferiores sobre su cuerpo ya moribundo y lo cubría con raicees. En ese momento recordó algo que hace años le había relatado su madre  -Nacemos del bosque y al morir volveremos a él- pero él se resistiría, se negaba a que su cuerpo nutriera a estos corruptos árboles y saco un cuchillo que llevaba en  el cinto  decidido a liberarse de las raíces del Tremen pero la dríade que aun mantenía la forma de su amada Israla se dio cuenta de esto y movió uno de sus brazos que terminaba en una afilada garra alrededor del cuello de Alader produciéndole con una sonrisa en el rostro una herida que en minutos causaría que se desangrara.
Sintiendo como la fuerzas lo abandonaban y como las raíces del Tremen poco a poco succionaban su energía el guardián sintió un ramalazo de odio por los caballeros que habían destruido la prisión pero sobre todo por la perversa dríade que tomando la forma de su amada le había dado muerte se concentro en este pensamiento buscando que le diera fuerzas para derrotar a sus adversarios pero en ese momento su cuerpo ya había dejado de moverse.

Continuará…

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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Richard. el Dom Mayo 24, 2015 1:43 am

El ritual

En una casucha abandonada, ubicada en los oscuros bosques de Mousillion repleta de segmentos de cadáveres en diferentes estados de putrefacción y de los más espeluznantes experimentos de magia negra, se escuchaba la voz del anciano vampiro susurrando promesas de venganza y de destrucción. Desde que su antiguo aprendiz lo derrotara años atrás, se había visto obligado a arrastrarse a lo largo del viejo mundo hasta llegar al desolado ducado, en donde lejos de poder dedicarse a estudiar la nigromancia y ejercer el poder como era su derecho se había visto obligado a utilizar sus habilidades nigrománticas para aumentar el ejército y las ambiciones de conquista el Duque Rojo, pero él no es rival para mi intelecto, -El no es rival para el gran Melkhior- grito hacia la oscura deleitándose por un momento con su grandeza, -yo he sido el elegido, yo comandare a los vampiros y llevare este mundo un nuevo estado de perfección- En ese preciso instante uno de los sirvientes humanos pertenecientes al grupo de mendigos y asaltantes que se había inclinado para servirle cruzo el tétrico umbral del laboratorio y se dirigió al anciano vampiro.

–Mi señor ya se encuentra todo listo hemos dispuesto los cadáveres según sus instrucciones -

-Excelente, excelente, declaro Melkhior, -eres un excelente sirviente, mereces una ser recompensado- El landronzuelo le sonrió por un momento, pero dado su profundo desconocimiento de las artes mágicas no pudo ver como la energía se acumulo en torno a la mano del vampiro, que con un ligero movimiento la dirigió en dirección al ladrón , creando una serie de cuerdas invisibles se enroscaron como serpientes por todo su cuerpo, y comenzaron a apretarlo comprimiendo sus músculos, produciéndole un dolor indescriptible.

-Serás mi sirviente por toda la eternidad – le susurro el vampiro al oído, mientras contemplaba al ser humano retorcerse debido a unas ataduras de las que jamás se liberaría, lo siguió mirando durante unos minutos, disfrutando del dolor que era capaz de infligir hasta que se escucho el sonido de los huesos al romperse, en ese momento agito el brazo haciendo que las cuerdas dejaran de apretar al cadáver y desaparecieran no quería que destruir su próximo experimento.

Melkhior salió de la cabaña llevando consigo una pequeño saco marrón en su mano derecha por el camino evito el cadáver de su sirviente así como las viseras y segmentos de esqueletos desparramados por el suelo, tras el sale una una de sus más recientes creaciones en la que 4 manos putrefactas y seccionadas se encontraban unidas a una cabeza de murciélago, formando una especie de macabra araña que se pierde en la oscura noche, el vampiro la contempla por un momento y continuó su camino directo a la cima de un abismo el punto más elevado que pudo encontrar a los alrededores, se paro en el borde del acantilado y bajo la mirada hacia la llanura en donde los esqueletos de las criaturas que los necrófagos había desenterrado hace poco tiempo aguardaban a que él los despertara.

Criaturas que murieron hace siglos en una guerra entre enanos y elfos, en bandos opuestos que sirvieron a diferentes señores pero ahora me servirán solo a mí pensó para sus adentros, hoy es la noche en que levantan mis primeros siervos, hoy es la noche en que comienza mi reinado hoy es Geheimnisnacht, contemplo a Morsileb llena verde inmensa en el horizonte, desató el pequeño saco marró e introdujo su mano sacando el ultimo puñado de piedras verdosas la introdujo a su boca y se preparo para pronunciar el hechizo que animaría no solo a los muertos bajo sus pies si no a los de todo el ducado.

En ese momento una voz autoritaria resonó en el interior de su cabeza

-No me falles Melkhior-


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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Dieguillo85 el Lun Jun 22, 2015 5:56 pm

Me encanto el relato de Melkhior, muy bueno Richard
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Dieguillo85 el Miér Jun 24, 2015 12:26 pm

Voy a dejaros aquí algunos relatos que estoy haciendo para sustituir ET en Warhammer 8.5, a ver que os parecen:

Profecía del Fin

"Cuatro son los cuatro grandes dioses.
Y tres veces cuatro serán los conductores del caos en este mundo.
Cuatro serán bestias, los hijos predilectos del caos, y pisotearan el mundo con sus pezuñas.
Cuatro serán hombres, corruptos por las fuerzas el caos y adoradores de los dioses incondicionales y recompensados por ellos en abundancia.
Tras ellos, cuatro más los seguirán. Serán los demonios y tras ellos llegara la muerte de este mundo.
Un decimotercero conducirá a todos, el Gran Ungido, y tras su paso todo cambiara, se infectara, gritara y todo será guerra y sangre."
La Profecía del Destino.
Del Libro Celestino de Adivinación, por Necrodomo el Loco.

“El principio del Fin”

El demonio observo desde su prisión la marcha hacia el sur de los ejércitos de los dioses. El gran elegido comandaba las Hordas del caos y traía consigo la destrucción del mundo, un ejército con la única intención de hacer del mundo una extensión del Reino del caos, tan enorme que inundaría la tierra de caos. Millones de Guerreros y bárbaros del caos se unían a su estandarte. Junto a ellos los hombres bestia, los hijos verdaderos del caos, bramaban al sentir crecer el poder del caos. Los demonios se hacían corpóreos gracias al poder desparramado desde la herida en la realidad realizada en el norte. Los cuatro grandes se habían unido por fin, para perpetrar el Fin de los tiempos. Cuatro Grandes Demonios, los generales de las hordas de los dioses, se postraban ante el Elegido mortal. Los ejércitos de los dioses unidos por su estandarte. La Tormenta del caos había empezado, y traería el Fin de los tiempos, la época en la que los dioses del caos por fin se harían con el mundo. En las tierras más al sur la calamidad solo empezaba a sentirse. La plaga llegaba, las cosechas morían, los profetas del apocalipsis no paraban de surgir. La locura se apoderaba del mundo, los reinos caerían y al final todo sería Caos.

El demonio se retorció de odio, odio hacia los dioses que lo habían atrapado en esa prisión de magia, odio ante ese falso Gran elegido, que él mismo había coronado, cuando debía ser él quien comandara ese enorme ejercito. La magia en el mundo estaba creciendo ante el avance del Reino del caos, los portales de los polos se derramaban por el reino de los mortales. Dos grandes heridas en la realidad que traían al mundo el poder de los dioses. Y su jaula se debilitaba por minutos, las redes de magia se abrían y contraían...pronto encontraría un resquicio por el que poder escapar, y entonces ejecutaría su venganza. Traería la destrucción al mundo, se bañaría de nuevo en sangre mortal y seria su tiempo, el tiempo de Be´lakor, el verdadero Señor de la destrucción, Señor del Fin de los tiempos y Primer Príncipe demonio. Los Dioses se darían cuenta de su error y todo el poder sería suyo...muy pronto...muy pronto…
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Dieguillo85 el Miér Jun 24, 2015 12:27 pm

El Destino

Malus penetro con su ejército en la desierta ciudad de Ghrond. La ciudad parecía intacta pero desierta, con una extraña quietud. Una extraña niebla púrpura lo envolvía todo, olía a ozono y los pelos de la nuca de Malus se erizaban. Se encontraba ante magia, eso estaba claro. La falta de oposición a su ejercito hasta llegar allí y lo desierta que estaba la ciudad hacían pensar a Malus lo peor. Así pues, Malus envió a sus exploradores sombras en vanguardia, para reconocer el terreno.

-¡Estas cayendo en una trampa estúpido! Aquí se ha realizado algún tipo de poderoso conjuro hace muy poco...- Comento el demonio Tz'arkan removiendo en sus interiores.
-Lo se demonio, se supone que hay una horda de bárbaros entre Naggarond y esta torre, y no hemos matado más que a ganado del caos de camino aquí, nos han dejado pasar eso esta claro...- Respondió con odio Darkblade – Pero hay algo aquí,maldito engendro que me hace sentir que es donde debo estar-.

El demonio se agito en su interior con nerviosismo. Desde que empezaron las alteraciones y las caídas de meteoros había crecido mucho su poder. Llevaba muchos años con Tz´arkan en su interior para saber que el demonio lo estaba engañando, o al menos ocultando cosas que conocía. La espada disforme de Khaine bramaba en su vaina con ganas de masacre, la muerte de los pocos bárbaros que había exterminado en el camino le sabía más bien a poco. Malus sentía como la furia de la espada lo imbuía, haciendo retroceder al demonio, un poder de furia inmenso que solo se apagaría mojada en sangre en batalla.

Las puertas de la ciudad estaban abiertas pero intactas. La poderosa Torre de las Hechiceras, una poderosa fortaleza casi inexpugnable estaba completamente intacta, pero, totalmente vulnerable, abierta de par en par sus enormes puertas, como si algo allí dentro lo esperase. Los exploradores sombras de la vanguardia de su ejercito volvieron de la torre.
- El camino esta despejado- Dijo Arthoh, el veterano explorador Autarii, con su voz bronca- No se observa nadie hasta llegar a la Torre, la ciudad esta desierta.
- ¿No hay rastro de las hechiceras ni de Morathi?-
- No, mi despiadado señor, como dije todo esta desierto, aunque la niebla parece ser mágica, podría ser una trampa de los demonios-
- Nuestra misión es encontrar a Morathi y las hechiceras y llevarlas ante el Rey Brujo. Tendremos que mirar en la torre, por si hay alguna pista...- Espeto Malus con una voz melosa como el aceite. –Avancemos-.

Entonces Malus ordeno a su ejercito penetrar en la ciudad en su interior la niebla era mucho más espesa. El demonio se removía en su interior, Malus notaba su creciente expectación. –Maldito demonio- Pensó. La caminata dentro de la ciudad fue lenta, pues Malus esperaba que una trampa saltara en cualquier momento. Mantenía una formación lo más cerrada posible, con los exploradores, jinetes oscuros y Autarii, adelantados e informando de posibles peligros.

Recorrieron la ciudadela interior sin ninguna novedad. Las murallas interiores se encontraban en las mismas condiciones, con las puertas abiertas. Parecían un monstruo con enormes fauces preparadas. La niebla tenia, cada vez más, un ligero aroma endulzado. A Malus le recordó la estancia donde se encontraba prisionero Tz´arkan, lo que le hizo tener un escalofrió por la espalda. Si en ese lugar había algo como Tz´arkan habría que andarse con muchísimo cuidado, su encuentro cara a cara con el demonio, y que saliera de allí con vida casi de milagro, lo atestiguaba.

- Cuidado con lo que haces en este lugar mortal, esta muy próximo al reino del caos, parece que los dioses han puesto su atención en esta tierra.- Comento el demonio de forma melosa, casi seductora. Malus notaba que el poder del demonio crecía con cada paso que se acercaba a la torre central. La magia en el lugar era pasmosa, el demonio tenia mucha razón en hacerle esa advertencia. Aunque sus palabras siempre eran insidiosas y malintencionadas, así que Malus no podía fiarse en lo más mínimo.
- Callate engendro del caos, después de esta misión mi posición en Naggaroth será idónea para dar el salto al poder que me propongo- Respondió Malus.
- Idiota mortal, ha llegado la era de los dioses, y esta tierra y tu raza, Druchii, no podrá hacer nada ante la marea que se espera, ¿no ves las señales? ¡Es el Fin del mundo y es la hora de nuestro destino!-
- ¡No unas tu destino al mío Demonio! En cuanto pueda me desharé de ti-.
- Puede que ese momento llegue más pronto de lo que piensas mortal...y entonces te haré chillar...-.

Arthoh y sus sombras penetraron en la ciudadela interior para detectar posibles trampas. Tras un rato, volvió una única sombra. Malus corrió junto a su fiel montura Rencor a su encuentro. - Despiadado Señor del Hag, la Hechicera Morathi se encuentra en el interior de la ciudadela, en la puerta de la torre. Pide audiencia con su despiadada autoridad. Arthoh y el resto de Autarii se encuentran con ella escoltándola-
- Excelente Autarii, condúceme ante ella-.

Malus y su guardia personal de caballeros en Gélidos, la elite de Hag Graef, y los Druchii de más confianza para Malus, si podía llamarse confianza a algo entre elfos oscuros. Eran elfos fuertemente armados, con las mejores armas y armaduras del Hag.

Tras un largo paseo por el ciudadela interior llegaron a una amplia plaza de armas interior en la base de la torre de las hechiceras, la cual permanecía con las oscuras puertas púrpura mate cerradas. Justo en la puerta se encontraba la imponente Morathi, con un vestido más digno de la alcoba que de una plaza de armas. La hechicera exudaba un extraño aroma almizclero y un aura que hacia que el aire ondulara a su alrededor y que los ojos se dirigieran inevitablemente a su sinuoso y hermoso cuerpo. A su alrededor los Autarii del ejercito de Malus, con Arthoh a su frente escoltaban a la Hechicera bruja sin poder quitarle los ojos de encima.

- Dichosos los ojos que te ven Tirano del Hag, hace días que te espero- dijo Morathi con su voz de hielo y a la vez más ardiente que la de una amante.
– Vengo a llevaros a Naggarond por orden del Rey brujo, Señora Morathi, ¿estáis dispuesta para partir?- Pregunto insidioso Darkblade.
- Por supuesto Gran gobernante de Hag Graef, pero nuestros caminos no están unidos en este viaje, ya conoces el destino que has de cumplir, una de mis alumnas te lo mostró- Morathi hablaba como una gata que hablaba con un ratón.
El demonio dentro de Malus se removió en su interior, parecía saber algo más que él.
- ¿Qué quieres decir con eso Hechicera? ¿Hablas de mi madre?-
- Acompañame a mis aposentos Darkblade, te contare eso y mucho más, y luego podremos marchar, te doy mi palabra-
Morathi abrió las puertas de la torre con un sensual movimiento de mano y con un sensual contoneo invito a Malus a seguirla.
-¡Arthoh! ¡Miukil! Acompañadme. El Autarii y el capitán de caballeros de gélido Miukil siguieron a Malus. Malus los había elegido por ser los miembros de más confianza. Arthoh ambicionaba ser jefe Autarii y ya estaba cerca de ello gracias a Malus, que le había quitado de en medio a alguno de sus competidores, y Miukil quería capitanear los gélidos del Hag, cosa que Malus le conseguido por sus servicios. Al ser menos ambiciosos, o al tener Malus controladas sus ambiciones, eran ideales para que no le clavaran un puñal en la espalda a la mínima oportunidad. En la sociedad Druchii uno debía ser precavido.

La torre se hallaba en la más tremenda oscuridad y las puertas se cerraron al pasar el ultimo de los guardias de Malus. Tras un chasquido de dedos de Morathi la torre empezó a iluminarse, desde todas partes y a la vez de ninguna parte, con una luz rosácea. Un profundo olor a ozono y azufre inundaba todo el lugar. La torre parecía tan desierta como el resto de la ciudad. Morathi empezó a ascender por las escaleras de la torre, que se situaban en un extremo de la gran estancia. Malus y sus dos guardias Miukil y Arthoh la seguían de cerca. Morathi dirigió al grupo hasta los aposentos más altos de la torre, los aposentos de las hechiceras tutoradas por Morathi. Conforme subían la torre la temperatura del gélido lugar parecía aumentar y los pelos de la nuca de Malus se ponían de punta. El demonio parecía estar creciendo en su pecho a cada paso, henchido con la magia del lugar.

Al llegar a la cima de la torre Morathi se detuvo junto a una enorme arcada negra. El marco de la puerta parecía representar en relieve extraños demonios con aspecto andrógeno copulando de manera grosera y colérica entre ellos. Los relieves parecían moverse de manera seductora, terrible y monstruosa. La imagen asqueo a Malus y le hizo tener nauseas. Sin lugar a dudas encerraba magia.

La Hechicera bruja abrió el pórtico con una palabra de poder. Al otro lado del portal se podía ver una gran estancia con una gran cama en el centro cubierta con cortinas traslucidas moradas. Un olor almizclero narcótico salio de la sala. Morathi penetro en la estancia con paso decidido y sugerente. Malus y su guardia la siguieron a su interior. El extraño olor le hacia sentirse bien y alteraba su percepción, seguramente era algún tipo de Loto negro, para hacerlos ser más dóciles a él y sus guardias. Un sucio truco, pero que no serviría con Darkblade.
- Vamos Hechicera, cuéntame que es lo querías decir ahí abajo, y que ha ocurrido con este lugar.- Exigió Malus con firmeza.
- Paciencia Tirano- dijo Morathi ronroneando, todo se sabrá muy pronto...-
- No estamos para jueguecitos Gran señora, su hijo os espera con presteza- Dijo Miukil amenazador.
- Exactamente Hechicera Bruja, la nación esta invadida, debemos unirnos a los ejércitos de Malekith para desterrar a los bárbaros rumbo al norte- Comento Arthoh sin esconder su impaciencia.
Morathi parecía divertida ante la impaciencia de Malus y sus guardias - Parece que habéis llegado en el momento adecuado Darkblade, y tu momento parece estar cerca, tu momento parece ser ¡Ya!- Con estas palabras de Morathi, la Hechicera bruja, levanto la mano y unos grilletes de hielo invisibles inmovilizaron a los tres huéspedes. Un frió helador engarroto el cuerpo de Malus, como si cristales de escarcha se le hubiera clavado en los huesos.
- Mal plan este Gran hechicera- Y recurrió a la fuerza del demonio liberándose de las cadenas invisibles.
- No esperaba menos de ti Darkblade ¡O debería decir Azote de Khaine!- Con una profunda y sensual carcajada Morathi lanzo zarcillos de poder contra Malus, estos parecieron atarse al demonio Tz´arkan que estaba en su interior. Con un gesto Morathi tiro de los grilletes de poder y Malus sintió un dolor profundo en su pecho, como si le estuviesen arañando por dentro las entrañas. – Si sobrevives a esto se cumplirá tu profecía y serás el señor del odio en estas tierras- Dijo divertida Morathi.

El dolor lacerante que sentía Malus cada vez era mayor, completamente insoportable, cada fibra nerviosa de su cuerpo enviaba señales de dolor a su sistema. El demonio parecía estar saliendo de él, y con él se llevaba su alma y su vida. Malus se concentro para aguantar el dolor, en lo que toda su vida le había salvado su profundo odio. Odio que desde siempre había guiado su vida y su ambición, odio que lo había salvado del demonio cuando se libero, y que lo había llevado a recuperar su alma. ¡Su odio prevalecerá sobre todo y todos! La espada disforme de Khaine reaccionaba ante su dolor y odio y relumbraba con una luz mortecina roja en su vaina. El dolor fue desapareciendo ante más oleadas y oleadas de pura rabia, furia y odio. Un poder enorme se fraguaba en su interior, y mantenía la vida del Tirano del Hag, un poder fraguado del odio.En ese terrible momento apareció ante sus ojos una visión, un ejercito enorme y sangriento se arrodillaba a su alrededor y lo seguía.

Miukil y Arthoh observaron a su señor con caras de terror, de su interior salía una luz púrpura hacia Morathi que chillaba cada vez más fuerte silabas arcanas. Mientras del propio Malus empezaba a surgir una intensa luz roja que se iba extendiendo por toda la habitación. Con una explosión Malus y sus lugartenientes se estrellaron contra la pared contraria a Morathi y la luz púrpura que salía de Malus empezó a condensarse frente a la Hechicera bruja.

-¡Bienvenido al mundo mortal Tz´arkan, Gran príncipe de la desesperación!- Proclamo Morathi con un aullido extasiado. La luz formo una nube que se condenso con rapidez hasta formar la divina forma de Tz´arkan, Príncipe demonio de Slaanesh. Un ser con una piel luminosa y lustrosa, llena de poder, con un cuerpo de una perfección sin igual, andrógino, sin ser ni hombre ni mujer. Trasmitía un aura de seducción enorme que llamaba a la lujuria.
-¡Por fin llego mi momento, el mundo perecerá en éxtasis!- Tz´arkan miro a Morathi que estaba envuelta en poder. -Es la hora del Caos, O Gran Demonio, y tu serás uno de los generales de nuestro ejercito, las Hordas del Éxtasis. Junto a N´kari comandaras nuestras hordas contra la odiada Ulthuan.- Chillo Morathi. –He preparado a la guarnición de esta fortaleza y mis hechiceras durante años para formar parte del ejercito del placer, y ahora seguirán nuestras ordenes para inundar el mundo.-
–Nadie me da órdenes mortal-
-No soy yo quien da las ordenes, o gran Tz´arkan, es el Príncipe negro quien habla, y tu has de obedecer. Observa el mundo, o gran señor y veras que lo que digo es verdad- Dijo Morathi implorante.- Tz´arkan observo a su alrededor y pareció mirar mucho más haya de la habitación – Tienes razón Bruja, es el tiempo de los nuestros, y Slaanesh estará contento cuando este mundo sea suyo.- Y al decir esto el demonio emitió una risa sobrenatural que hizo temblar las almas de todos los seres a kilómetros a la redonda.

- Y ahora mortal matare a estos insectos y me guiaras hacia mi ejército.-
Mientras Malus Darkblade se levantaba detrás de Tz´arkan con la espada disforme de Khaine en su mano. Sus ojos relumbraban con un odio aterrador, un odio y una rabia que se extendió por la habitación como agua que fluye inundándola. Malus era algo más de lo que era, al salir el demonio algo más había salido a la superficie, algo engendrado del puro odio. Tz´arkan se giro sorprendido ante la avalancha de poder.

-Ahora el alma de Darkblade, quien fue tu prisión, es de otro Tz´arkan - Agrego Morathi sibilante. Tz´arkan observo a Malus como si lo viera por primera vez, el odio de ese Druchii había engendrado un poder en su interior que podría destruirlo.

Malus sentía un poder que se alimentaba de su odio, e iba aumentando de manera exponencial. Cada una de sus extremidades bullía de poder asesino. La espada disforme se convertía en una prolongación de su odio y ambos solo pedían una cosa: masacre.

-¡Bruja! ¡Ahora os destruiré a ti y al Demonio! ¡Malditos!- Dijo Malus y se lanzo contra Tz´arkan con la espada disforme en alto. Tz´arkan extendió sus manos y de ellas surgió un rayo oscuro de poder que se dirigió hacia Malus, sería el fin del Tirano al fin. Pero el rayo se disipo al tocar a Malus sin hacerle ningún daño, que ni siquiera aminoro su carga. El demonio, sorprendido, se lanzo contra Malus al que ataco con unos nuevos apéndices con pinzas de cangrejo que aparecieron de la nada. Pero se vio incapaz de parar al Tirano que esquivo con una velocidad sobrenatural a Tz´arkan agachándose ante sus pinzas y clavo profundamente la espada disforme en el estomago de la criatura que chorreo siseante icor negro sobre el enlosado negro. El demonio chillo de dolor, y extrañamente de éxtasis, un chillido que hizo temblar todo Ghrond y agitarla con un placer sobrenatural.

Morathi tramo un hechizo protector sobre Tz´arkan, pero la espada disforme lo destruyo y seguío hiriendo al demonio que retrocedía, chillando, ante el empuje de Darkblade que no paraba de atacar. Sus movimientos eran un Borrón para la vista, incluso para los sentidos amplificados de Morathi.

Con un movimiento de manos, La Hechicera bruja, trazo otro poderoso hechizo que abrió una brecha en la realidad, una puerta al reino del caos. De esta, surgió un viento huracanado con más niebla purpúrea mágica mezclado con un tremendo a calor y salieron cinco elfos oscuros ataviados con pesadas armaduras de diseño intrincado. Tres de ellos iban armados con dos afilados sables curvos y los dos restantes con horribles látigos y espadas largas. Sus cuerpos estaban deformados, de una forma andrógena y sugerente, y de sus ojos surgía una luz rosácea. Los tres de los sables se dirigieron contra Malus, mientras los de los látigos lo rodeaban. –Vamos Ungidos de Slaanesh, defender a vuestro nuevo señor- Les espeto Morathi con un chillido de triunfo.

Tz´arkan se retiro a la retaguardia mientras los Ungidos, elfos elegidos por el Principe oscuro Slaanesh como paladines, atacaban a Darkblade con sus sables. –Maldito demonio cobarde, ven aquí a morir- Dijo. Los ungidos atacaron con renovada velocidad, pero no podían igualar a la de Malus que atacaba y desviaba ataques con una agilidad sin igual. Pero la superioridad numérica de los Ungidos hizo retroceder a Malus que estaba siendo atacado por todos los flancos. Con una finta con el cuerpo, Malus esquivo las espadas de uno de los Ungidos y con un golpe de retorno decapito al elegido del Príncipe negro. El resto de ungidos redoblaron sus esfuerzos contra Malus que seguía retrocediendo recibiendo ataques de látigo y espada. Uno de los ungidos con látigo le enrollo en el brazo el látigo a Malus con un grito de triunfo. Malus tiro de el con una fuerza espectacular que atrajo al sorprendido Ungido hacia él, hundiéndole la espada disforme en el estomago hasta la empuñadura y usando su cuerpo como escudo. A continuación, Malus, lanzo el cuerpo del muerto sobre sus congénieles de los sables haciéndoles caer y con un movimiento que el ojo no podía seguir decapito a ambos.

El Ungido restante salio huyendo ante la ferocidad de Malus, el combate no había durado más de unos minutos. Malus observo como el herido Tz´arkan penetraba en el portal abierto por Morathi. -¡Maldito cobarde engendro de la disformidad! ¡No huyas de mí!- Dijo –No te preocupes mortal, volveremos a encontrarnos pronto...- Y con estas palabras Tz´arkan desapareció de la estancia a través del portal. Tras el salto el ungido del látigo, dejando a Morathi detrás.

-Ahora, por fin, se ha cumplido tu destino Malus ¡Ve al encuentro de tu ejército y trae los tiempos de sangre a Naggaroth!- Chillo Morathi antes de penetrar por portal y cerrarlo.

Malus se quedo en la estancia, solo acompañado por sus hombres de confianza sin conciencia. En ese instante Arthoh empezaba a recuperarse.

-¿Qué ha ocurrido?- Pregunto Arthoh dolorido e incorporándose ayudándose de la cercana pared. Con un rápido movimiento Malus decapito al capitán de exploradores.-Esto calmara mi sed durante un tiempo...- Pensó Malus. En su interior sabia que un ejercito de sangre lo esperaba no muy lejos de allí. Se acerco a Miukil para despertarlo, el cual despertó aturdido.

-¡Despierta insensato! Tenemos que marchar con nuestros hombres en busca de mí ejército.- Chillo Malus con su rabia casi contenida. Miukil lo miro con sorpresa a los ojos, y una locura asesina empezó a surgir de su interior. Su rabia contenida empezaba a liberarse poco a poco. Miro a los ojos de Malus, ahora dos pozos de latón con pupilas de sangre, y sus propios ojos se volvieron ojos obediencia ciega y de odio incontenido.

Malus se levanto y comenzó a descender la Torre de las hechiceras, con Miukil tras de él. La profecía sería cumplida. Naggaroth sería suyo, traería los tiempos de la Sangre, los tiempos de Khaine...¡los tiempos de Khorne! ¡Sangre para el dios de la sangre!
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Dieguillo85 el Miér Jun 24, 2015 12:28 pm

La batalla por Naggaroth

Los ejércitos reunidos de los ejércitos de Karond Kar, Hag Graef, Clar Karond y Naggarond se reunían en las murallas de Naggarond, la poderosa ciudad de Malekith. El Rey de esta tierra de frio comandaba los ejércitos de Naggaroth, esta vez ante la amenaza de los barbaros del norte. Desde los Esclavistas de Clar Karond y los Señores de las bestias de Karond Kar hasta los poderosos señores de la guerra del Hag se encontraban en la batalla. El ejército más grande que había reunido Malekith desde la Secesión.

Un ejército reunido por la supervivencia de su tierra Naggaroth, la tierra más fría y cruel, fiel reflejo del pueblo Druchii y su señor, el Rey brujo Malekith, el gobernante más implacable del mundo. Las hordas de la sangre de Valkya, consorte de Khorne, habían puesto al reino al borde de la destrucción.

Las defensas del norte, la red de Atalayas de vigilancia, las grandiosas defensas Druchii contra el caos, habían caído con alarmante rapidez ante los enormes ejércitos, que parecía, haber vomitado los desiertos del caos. La Torre de las Hechiceras, Ghrond, se había perdido, pues desde el comienzo de las alteraciones climáticas había estado incomunicada, como tras un círculo protector purpura. Y el gran ejercito mandado a recuperarla, y comandado por el usurpador Darkblade, parecía haber fracasado. No se conocía ninguna noticia de la madre de Malekith, la poderosa Hechicera Morathi.

Har Ganeth, la ciudad de los verdugos y bastión de Khaine, también parecía estar perdida, pues desde la llegada de los barbaros a la ciudad no se tenía noticias de ella. Ese ejército de demonios había puesto bajo asedio ahora Naggarond. Un ejército tan vasto que la ciudad, que se pensaba inexpugnable se vio al borde del colapso.

Malekith observo con amargo odio al ejército enemigo. Desde su llegada el ataque había sido implacable y destructivo. Los demonios del norte no habían dado ni un respiro a sus espectaculares defensas. Los muertos se amontonaban bajo las almenas a miles, y sin embargo, millones más se lanzaban sobre ellas sin descanso, horda tras horda de bárbaros y monstruosos hombres bestia se lanzaban hacia las murallas sin descanso desde todas las direcciones. Las babeantes legiones de Khorne solo querían derramar sangre en batalla, incluso la suya propia. El mismo había participado en varias batallas para detener el asedio, pero cada una de sus intervenciones habían sido inútiles ante la inmensidad de la horda. Mientas el Rey brujo mataba a cientos, miles más aparecían para seguir el asedio. Y desde el norte no paraban de llegar refuerzos para la horda. Ahora llegaban ahora enormes nubes de tormenta mágica, un mal presagio para Malekith. El Rey Brujo había reunido enormes energías arcanas para el siguiente intento de levantar el sitio. La batalla final podría acercarse pronto y él estaba preparado. Sus infinitos montados en dragones negros lo seguían. Harían pagar a los bárbaros cada afrenta con su sangre.

La tormenta del norte pareció acercarse con una alarmante velocidad desde el camino frió. Rayos rojos descargaban su poder sobre la tierra. Malekith, con su poderoso dragón Seraphon, se dirigió desde la gran torre a las almenas hacía donde la batalla parecía más encarnizada. Sus jinetes de dragón lo siguieron dispuestos a destrozar a los bárbaros. El aliento venenoso de los dragones mataba a decenas de inmundos seguidores del caos. Los hechizos tramados por el Rey Brujo destrozaban a más deformes guerreros. Frente a Malekith un rayo rojo apareció. Como un meteoro lanzado desde el cielo, Valkya la sanguinaria hizo su aparición, el aire rielaba a su alrededor en bullente poder. La elegida de Khorne cargo contra uno de los jinetes de Dragón y de una lanzada destrozo el cuello de la bestia y partió a su jinete por la mitad. Chillando plegarias a su sanguinario dios, cargo, esta vez, contra el Rey brujo con su Lanza Slaupnir preparada para decapitar a Malekith. En el último segundo, Malekith desvió el ataque con destructora pasando a atacar a la Sanguinaria con la Mano de Khaine, Valkya desvió el ataque con su Escudo Demonio. La Reina de sangre se desvió de trayectoria hacia las almenas de alabastro de Naggarond destruyendo, como un meteoro, parte de estas y matando en el proceso a todos los que estaban sobre ellas, Druchii y sanguinarios bárbaros por igual.

Kouran Manooscura observaba asombrado el poder de la Consorte de Khorne. Él, junto al grueso de la Guardia negra, se encontraba sobre las almenas destrozando a los enemigos que iban apareciendo sobre su franja de muro. Los seguidores de Khorne se lanzaron todos, en conjunto, en un asalto contra las murallas de la ciudad. La furia de la sanguinaria fluía por los seguidores de Khorne llevándolos a un estado de Ira aún mayor. Ante tal asalto toda la línea de defensas Druchii retrocedió en la muralla, apabullado por la furia del enemigo. Kouran y sus soldados fueron los únicos que pudieron aguantar el empuje de las bestias y los bárbaros del caos.

Kouran desde su posición vio como Malekith tramaba un hechizo de fuego oscuro contra la Sanguinaria mientras esta cargaba desde las almenas hacía su posición. El hechizo del Rey Brujo pareció detenerse ante un escudo invisible alrededor de Valkya, que continuo cargando a través del fuego oscuro como si nada. Malekith tramo un muro mágico en torno a él desviando a la lanza Slaupnir, que falló su objetivo principal, pero se clavo profundamente en un costado de la poderosa bestia Seraphon produciéndole una enorme laceración, y haciéndolo caer precipitando al Rey Brujo con él. La bestia cayó sobre las murallas aplastándolas con su peso y con ellas a todos los guerreros que no pudieron apartarse de su camino.

Un grito brutal de triunfo salió del ejército del caos y desde la muralla norte un gran número de guerreros acudieron a la brecha donde Malekith había caído. Kouran y su guardia negra corrió desde las murallas a defender a su Rey observando horrorizado que guerreros habían acudido a la brecha como sangrientos lobos.

Eran todos elfos oscuros, Verdugos y Brujas de la ciudad de Har Ganeth, cubiertos de sangre seca y gritando alabanzas a su dios. En vanguardia un guerrero sobre un gélido lideraba a los traidores de Har Ganeth. Kouran sintió un odio sin igual al reconocer a quien comandaba dicha fuerza. Aunque cubierto de sangre de cabeza a los pies y con un aura de amenaza que Kouran no había visto nunca en él, el líder de esa turba de sangre era el Tirano de Hag Graef, Malus Darkblade. El traidor estaba con la piel y la armadura teñidos de rojo sangre y la espada relumbrando con un brillo rojo sobrenatural y sus ojos relumbraban con el color del latón.

El Rey Brujo se levanto en la brecha junto a tiempo para parar las espadas de una elfa bruja con destructora y destriparla a continuación con su oscuro guantelete. Seraphon luchaba por volver a levantarse entre las ruinas aplastando a algunos incautos que se acercaban. Con gran rapidez Malus llego hasta Malekith que batallaba contra dos verdugos, los cuales terminaron muertos ante los ataques del monarca.

-Eres mío- Grito Malus saltando del lomo de Rencor para atacar a Malekith. Mientras estaba en el aire, Malus, lanzo un certero golpe de espada destinado a decapitar al Rey Brujo que Malekith paro con dificultad, rodo sobre su espalda y se levanto con un salto junto a Malekith que paso al ataque. Mientras atacaba con Destructora y la mano de Khaine iba acumulando energías mágicas en su interior. Malus reculo ante el ataque de Malekith, y empezó a aumentar la velocidad de sus movimientos poniendo a Malekith a la defensiva.
-¡Falso Azote! ¡Por tus mentiras hoy morirás bastardo!- Dijo Malus en un rugido de rabia sobrenatural que reverbero en el campo de batalla.-Maldito traidor basura caótica, te destripare por esto- Contesto con odio infinito el Rey Brujo.

Malekith aumento la cantidad de magia en su interior aumentando así su fuerza y velocidad paulatinamente. Pero Malus lo igualaba en cada estocada desesperando al Rey brujo. A su alrededor los Guardias negros y Kouran entablaron batalla en un baño de sangre. Los metódicos golpes de alabarda de los guardias se enfrentaban a la rabia de los seguidores de Khaine. Kouran luchaba por acercase a su Rey contra un grupo de verdugos. Los guerreros tenían una técnica con sus armas enorme, pero no eran rival de la habilidad de Kouran que iba eliminándolos sistemáticamente.

Malekith y Darkblade se acometían uno al otro con una velocidad tal, que parecían un borrón. –Maldito traidor rastrero, te matare Darkblade- Espeto Malekith con una maldición con su potente voz sobrenatural. Su espada detuvo la espada disforme de Khaine e hirió en un costado a Malus con su Mano enguantada. Con un rugido Malus agarro el guantelete ensangrentado de Malekith inmovilizando el brazo del Rey Brujo y dirigió una estocada que atravesó las defensas de Malekith, produciendo un profundo tajo en el hombro del Rey Brujo que chillo de dolor y cayó a un lado Era la segunda vez que herían al Rey Brujo en batalla, el dolor causado por la hoja de la espada disforme de Khaine lo paralizo quemándole todo el cuerpo al cauterizar con su fuego la herida. Malus soltó un chillido de triunfo y se dispuso a matar a Malekith con un golpe destinado a decapitarlo. La muerte del Rey Brujo parecía hecha pero, en ese instante Kouran se interpuso ante su Señor parando la estocada y salvando al Rey de su muerte.

-¡Asqueroso bastardo de Hag Graef! ¡Te desollare vivo por esto!- Grito Kouran desafiando a Malus, el cual gruño como un animal, frustrado ante la privación de cobrar la cabeza de Malekith.

Kouran ataco con ferocidad haciendo pasar a Malus pasaba a la defensiva. Con una finta rápida esquivo una estocada de Malus hiriendo al Tirano en un brazo que reculo gruñendo de dolor. De la herida surgió sangre negra que siseo como acido, cerrándose al instante mientras Darkblade aullaba como un lobo. Kouran sorprendido emprendió un nuevo ataque pero, aunque pensaba que no tenía igual con las armas entre los elfos oscuros, Malus parecía igualarlo en cada golpe, cada finta o artimaña era contrarrestada por Malus, que poco a poco aumentaba en velocidad sus ataques. Kouran realizo una finta con su alabarda pero no fue lo suficientemente rápido, Malus paro una estocada de Kouran y con un rapidísimo movimiento de espada corto por la mitad la alabarda de Mano oscura y cortando la cabeza del paladín de Malekith en el proceso. Kouran mano oscura, Gran capitán de la Guardia negra, había muerto y Malus grito como un animal, triunfante.

Malekith chillo ante la muerte de su Guardia y lanzo zarcillos oscuros de poder contra Malus que lo lanzaron por los aires rugiendo como un animal rabioso. El Rey Brujo se levanto malherido siendo asistido por su Guardia negra. Dos de sus guardaespaldas lo levantaron y lo subieron en su recuperado dragón. Seraphon parecía haberse recuperado de sus heridas y estaba preparado para volver a levantar el vuelo con su señor. Malekith monto en el poderoso dragón que con un potente golpe de sus poderosas alas lo elevaron a los cielos. A su alrededor el cielo se teñía de sangre. Valkya combatía contra los jinetes de dragón luchando con ferocidad. Las bestias y los bárbaros habían colapsado las defensas de Naggarond y las huestes de Har Ganeth estaban al lado de su enemigo. Naggarond había caído, había que huir y reagruparse, si no, todo estaría perdido.

Malekith concentro de nuevo su poder, recurrió a las energías arcanas de su corona para su nuevo hechizo, un rallo oscuro se dirigió contra Valkya. La Sanguinaria chillo de dolor al atravesarla la descarga de inmenso poder oscuro y callo de los cielos. Malekith reagrupo a sus jinetes de dragón y dio nuevas órdenes a su ejército. Había que evacuar a todos los guerreros que se pudiera, la ciudad estaba perdida. Había que llegar a Clar Kanrod, a las Arcas negras.

Los elfos oscuros habían perdido su tierra, y Ulthuan sería su nuevo Reino por fin, y si no, sería su fin…
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Re: Narraciones cortas no vinculantes.

Mensaje por Dieguillo85 el Miér Jun 24, 2015 12:30 pm

La Verdad sobre el Dios de la Mano ensangrentada
Teclis penetro en los aposentos de su hermano, el cual se encontraba arrodillado rezando en un altar a Isha. –La extrañas ¿no?- dijo cuando entraba con su desinteresado modo de hablar. -¿Qué quieres hermano?- dijo Tyrion sin dejar de rezar pero con un aire amenazante.

–Solo quiero examinar la espada- dijo Teclis insidioso. –No deberías hermano, la maldición ya ha entrado en mi con todo su poder, si la tocas también estará en ti- espeto su hermano con aire triste. –Lo sé, lo noto, y sé que solo por haber tenido el poder de Asuryan has escapado de la locura, pero es natural, solo el poder de un dios puede parar el poder de otro, solo Aenarion y ahora tú podría soportarlo-.

-Hermano, no sé si eso será suficiente, solo deseo matar, la furia me consume cada vez más. Si sigo así terminare siendo tan malo para este mundo como los demonios. La espada solo quiere destruir- dijo Tyrion triste. –Déjame ver la espada Tyrion, quizás pueda ayudar en algo, prometo no tocarla, no te preocupes-.
-De acuerdo hermano- dijo el gran guerrero dubitativo –pero ten mucho cuidado.

Tyrion saco de su vaina la espada y Teclis la observo con cuidado. Teclis la vio con su visión de mago insuflando poder en la espada y extrayéndolo. Tras un rato, se paro alarmado.

- Es lo que esperábamos hermano, en la espada reside él- dijo misterioso Teclis –El poder de esta espada puede ser necesario, pero nos destruirá a todos si no lo detenemos en el momento justo. Es una carga muy pesada hermano.-

- Lo sé Teclis, su poder es abrumador, pero este es mi destino-

-Después de este examen todo está claro, Khaine reside en la espada, y el ente que los elfos oscuros adoraban en Har Ganeth era más bien otra cosa- dijo el Señor de la Torre blanca. -Espero que mi plan funcione, pues si no, estaremos condenados.-
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